El corazón de la crisis de la política democrática no está en la ausencia de una agencia suficientemente efectiva para legitimar, promover, instalar y cumplir cualquier conjunto de valores. Sino en las presiones del mercado que reemplazan a la legislación política en cuanto al establecimiento de la agenda. La agenda actual es el resultado ulterior o lateral de las operaciones del mercado. Al punto que los políticos parten del presupuesto de que, frente a las presiones del mercado, no hay alternativa. El correlato es que el ciudadano es convertido simplemente en consumidor y despojado de su categoría de sujeto de derechos.
jueves, 17 de junio de 2010
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